17 may. 2010

Y no hay nada más que añadir. Cuando te das cuenta de que las pequeñas cosas ya no te hacen ilusión, cuando se agota la búsqueda de motivos más profundos para sentirse realizado... es cuando uno debe darse la vuelta para mirar hacia dentro. El problema es el miedo a que la cabeza salga disparada tras forzar un giro inesperado. Quién sabe, quizás algún mecanismo falle, caiga al suelo y se manche. Me gustaría encontrar una forma de pensar que le permitiese a mi cuerpo segregar hormonas placenteras siempre, pero supongo que necesitamos una dosis de aplastamiento personal para que no nos acostumbremos demasiado a ese chute angelical. Ahora entiendo a los masoquistas, como Jesús por ejemplo, que prefirió reservarse para una explosión final de placer que inevitablemente le condujo a las alturas.

1 comentario:

Argot azul dijo...

Siempre, siempre, siempre hay motivos para segregar hormonas de la felicidad, del placer...
siempre hay motivos y razones, y sino, siempre nos queda inventar excusas sacadas de la manga, motivos absurdos para ser feliz :)

por desgracia, el cuerpo desarrolla tolerancia a todo lo bueno, poco a poco se acostumbra, y hay que aumentar la dosis o cambiar radicalmente,...

y sino... para esto nos quedará el chocolate ;) (y que conste que me refiero al sano eeeh! jeje)