17 may. 2010

Hoy es uno de esos días sin eco, con mucha actividad, presiones y movimientos de manicomio. Yo me he dejado amoldar por la presión, y mi entumecido cerebro ha aprovechado la ocasión para hacerse notar haciéndome cometer innumerables absurdeces (“la recta real está llena de hijos de puta” fue su última frase antes de convalecer ante el teclado). Hoy estaba sin ganas de nada, puesto que ya sabía con pelos y señales lo que le tocaba hacer gracias a mis constantes charlas, así que ha decidido por su cuenta manifestar su descontento enviándome al centro comercial a comprar algo de lo que se ha arrepentido en el último momento, convenciéndome de la inutilidad del consumismo del que iba a ser partícipe. Realmente yo no necesitaba comprar nada, pero él quiso que me diera un paseo incoherente entre máquinas ya casi desfasadas y curiosas amas de casa que solo querían un café gratis de media tarde. Pues ha sido gracias a su burla que mis manos juguetean ahora con las teclas, salvándome de esta aplastante jornada, y no puedo menos que darle las gracias, ya que pensaba que me acartonaba cada vez más en este presente insulso, sin aliciente y programado ya de antemano por pedagogos idiotizadores de masas que me ha tocado vivir. Nos trituran el cerebro para amasarlo y darle la forma que les plazca, aunque luego se quejan porque esa inmundicia se les desmigaja en las manos y no consiguen darle la forma deseada. Yo he decidido cubrirme con una coraza de inconformismo, y ya pueden intentar rasgarla con sus afilados picos, que no conseguirán atravesar nada. Es al atardecer en mi cubículo cuando dejo respirar tranquilo a mi grisáceo amigo; le masajeo con un poco de música, pero él siempre gorjea pidiendo más.

1 comentario:

Argot azul dijo...

Acepto lo de la heroína,
pero deberías tener en cuenta...
que la heroína mas sana, soy yo (h)


( la mujer gato esa, no me llega ni a los tacones...)ajajaj