17 ene. 2010


Cuando él es solo un objeto cósmicamente perdido y falto de apoyos. Cuando culebrea entre nebulosas fosfóreas, hechas de polvo color universo, soplando niebla sobre farolas naranjas, arrastrándose con pies pegajosos por los entresijos de las doce en punto del reloj, entre la oscuridad que se perfila con claridad a través de las cornisas de los edificios, los tejados de líneas rectas y simples, formas que se entrecruzan y mágicamente forman una imagen grotesca del cielo, escalonado e infernal. En esos momentos consigue reconocerse en el rostro que proyecta misteriosamente la ventana sobre el encalado de la pared. Y cada vez se vuelve más difícil mantener esa mirada bizca.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Está claro, volvía de farra y pisó un chicle... cuanta complicación para decir eso.

Anónimo dijo...

Eso digo yo, y además no sabe ni agarrar la raqueta... en fin

Javier

Tom Hagen dijo...

¡culebrea, culebrea! Eres un cazador de metáforas nato tio.

Tipotrópico dijo...

"Como la vida misma", dijo usted mismo.
Un saludo.

PrinceSitaDeCrisTaL dijo...

Qué maravilla.

Vengo cotilleando desde el blog de juan.