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16 feb 2009

Patafísica

Fernando Arrabal, anteayer en la Plaza de Anaya, Salamanca


Subido en el trono que merece, el elegido de Pan se distingue entre la masa que lo adora. La objetividad tiembla conmovida por los numerosos seguidores que le hacen frente. El viaje trascendente comienza, se respiran los aires de una nueva época, un hecho que sólo se encarga de poner en manifiesto el cambio del milenio.
La ciencia comienza a girar alrededor de la excepción, la regla sólo es un lastre, deshagámonos de él! Patafísica reclama con voz cavernosa. Las paredes tiemblan. Ciencia del absurdo. Las orejas se estremecen de miedo al oir estas palabras, ante la hermosura y grandeza de la puerta que le están abriendo a la mente a través del conducto auditivo. Mujeres fértiles le sostienen, cada vez más alto, permitiéndole rozar el cielo con el dedo meñique. Desafiante de la gravedad, acepta la excepción porque él es excepción, descorchando nuestras cabezas, que salen disparadas por encima de los tejados.
No puede dejar de sorprenderse por el cariz que toman los hechos, que escapan de su control, corroborando débiles expectativas. La humanidad grita a través de su garganta, se resquebrajan los adoquines a su paso, la Tierra no puede soportar el peso y se sale de la órbita hasta achatarse como predijeron los presocráticos. Nos riega a todos con su elixir dionisíaco, dispersado por cortesía del enorme falo creador para que podamos soportar su música, y mientras, las féminas, príapos con alma de mujer, danzan a su alrededor dando a luz cambio y creación.
Un estruendo hace temblar la fachada de la catedral, cárcel de nuestras pasiones. Se abre una grieta en la piedra dorada. Todos sabemos que no podrá soportar otra acometida similar. Coge aliento, se prepara, y descarga toda su fuerza contra el templo. Este cae sin remedio y desaparece tras un seísmo abismal.
Nos ha liberado, y se lo agradeceremos siempre.





Fotos por cortesía de: Victorino García.