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1 feb 2009

Génesis (1, 27-31)


"Dijo entonces Dios: hagamos al ser humano a nuestra imagen y semejanza para que domine sobre los peces del mar y sobre las aves del cielo; sobre los animales domésticos, sobre los animales salvajes y sobre todos los reptiles que se arrastran por el suelo. Y creó Dios al ser humano a su imagen; a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó."



¡Mmm! ¡Ah! ¡Verde! Tú eres el que se funde en el candor de la mañana con mi piel. Das a luz con maestría y esperanza, con inocente belleza. Sí, guíame, iré hasta donde tú me lleves, quiéreme, atravesemos el campo de flor, demos paso a mi instinto simiesco. ¡Qué tranquilidad azul y verde! Quizás si los mezclamos nos de violeta.
No hay angustia ni recogimiento, pero tengo algo en mí. Algo que me dice que así no avanzo, que me arranca sin piedad de la pradera.
Verdinegra. ¡Qué confusión! Yo no quiero ir, pero no tengo más remedio. Necesito explicaciones, ya no basta con disfrutar sin más, tengo que regodearme en mi superioridad, amar dominando.
Ya se van, diles adiós; el prado verde, el azul limpio, las nubes claras, la flor sin suerte. Ahora yo soy el más fuerte. Soy el que puede destruiros y volveros a crear. ¡Ah, incrédulos! Tened fe en la humanidad, pues ¿acaso no es suficiente prueba tanta historia y tanto bien? Ensalzar la naturaleza es ir contra el hombre. Basta de mitificar el verde. ¡Que viva el gris metal! ¡Y las ventanas que imitan al cielo en la tierra! ¿O acaso no es delicioso el olor del bosque artificial al atardecer? Los niños corren sin peligro, no son presas ya, sino depredadores que comen de todo sin escrúpulos. Corred bellas flores, corred. ¿Decíais algo? ¿No podéis? ¡Ja, ja, ja! Honrad al hombre pues, la perfecta maravilla. Cómo, me pregunto, de algo tan vil y tan abyecto ha podido surgir tamaño portento. Será porque somos Dios, los sumos creadores, que avanzamos con y contra las mayores atrocidades naturales para cambiarlas de nombre. Ahora el adjetivo es humano. La naturaleza pasó a un segundo plano hace ya tiempo. La hemos aplastado bajo yugo de hierro, no tardará en morirse asfixiada. Dulce dominio, yo te alabo por encima de todas las cosas.

Industria, abandono. Mi canto se esconde entre vacíos y los hace temblar con un hilo de voz.

¡Oh! ¿Pero qué es esto que me sale de la mano? Me despierto con un gris que se extiende por el brazo, una mancha. Es la corrupción, la ira (ella me lo ha dicho). El instrumento que antes dominaba está comiéndose mi piel. Pero, dónde está la luz. Todo es oscuro. Negro con toques de óxido rojo, naranja, mugriento. ¿Y el sonido? Solo el ruido de un enorme taladro, un eterno acople que se torna música celestial. FFFFFFFFF.
Todo yo soy metal oxidado. Me corrompo. Mis genitales ahora duros y fríos ya no sienten ese extraño placer de antaño, inexplicable. Tubos y tubos que nadie sabe a dónde van, un entramado sublime que forma la figura geométrica más perfecta, y en el centro mi estatua de óxido que se vuelve polvo. Industria, abandono. Mi canto se esconde entre vacíos y los hace temblar con un hilo de voz.

Siento respeto por ti, dulce opresor. Soy tu cómplice. Yo necesitaba destrucción pero al menos no te he dejado un legado verde.