Pero cuando el dolor florece desde dentro nadie lo puede parar.
Dibuja espirales desdibujando la silueta, la sombra del hombre, los huesos que conforman la base de su existencia, pudriéndolos hasta hacerlos añicos; hasta que ya no queda otra salida.
Se retuerce, escupe vida desde sus adentros, no puede dejar de expulsar belleza inmunda allí donde pasa, un tipo de escultura que pone en ridículo la naturaleza, el afán por existir, aunque solo sea para ser pisoteado.