3 abr. 2014

Yo siempre acabo primero pero mal

12.
Mira, yo te quería decir una cosa. ¿Qué? Pues que el otro día estaba pensando en la barrera entre lo que podemos concebir y lo que realmente sentimos y me imaginé un muro blanco y muy alto, tan alto que no podías ver el final del muro, y me acojoné un poco. 
Bueno mira, yo en ese sentido he tenido experiencias parecidas. Por ejemplo: el otro día estaba con unos amigos de parranda y me encontré una bolsa con unos cuantos cientos de euros, en plan unos cuantos, unos tres mil, imagínate. Entonces nos planteamos escapar de la ciudad con los miles de euros para vivir la gran aventura de nuestra vida pero lo que pasó es que un gran guardia civil, de los que guarda el orden civil de la gente, nos paró y le preocupó que un grupo de jóvenes anduviera o anduviese con tanto dinero por el centro de Madrid, pero en el fondo nos dejó pasar, nos cogimos de la mano, nos cogimos el primer cercanías que llegaba a Talavera -lo más lejos posible, vaya- y en ese pueblo nos quedamos. ¿Qué pasa? pues que compramos el mejor jamón serrano que puedes encontrar en los alrededores, un buen lomo ibérico y un poco de chorizo, y nos hicimos un fuerte en una casa abandonada. Ahora solo necesitamos comprar un poco de madera de encina para prender la leña -por favor, una ayudita, por favor- y ya está montada, con el calorcito y todo, y claro, esas buenas costillas ya tu sabes. En fin, ¿qué más quieres? Nada ¿qué más quieres? Nada...

Mira tío. ¿Tú sabes lo que significa un internado de muros altísimos y anchísimos de los que sabes que nunca, NUNCA, vas a poder escapar? Yo creo que no pero tú sabes que yo sí sé entonces me dejas hablar porque no te queda otra. Mira, te estoy hablando de un muro que no puedes escalar, de un muro que nunca podrás meterte en la sesera porque es algo que se convierte en tu cárcel tu presidio y tu meta, algo que nunca nunca nunca puedes llegar a escalar, una altura que miras desde abajo, unos ladrillos que trascienden el rojo. Intenta. Intenta escalar ladrillos con cemento descolorido a ver que pasa. La mano del caído. La mano del castizo arrodillado que nunca sabes, nunca piensas que te pueda sostener, pero te sostiene, él solo, el castizo arrodillado te mantiene y al mismo tiempo te da la tollina para que sepas que éste no es tu sitio, esta no es la forma y estas no son las maneras. Mira sólo te digo que dejes ya lo que estás haciendo porque estás haciendo el ridículo, estás haciendo el ridículo y eso pasó de moda hace ya tiempo, estás haciendo el ridículo y esto no sé cuando puede parar, cuenco puede parar, como el altillo de las maravillas y ya no las mil y una noches sino un puto sobrao que te recuerda, que juega con luces de navidad en tu subconsciente familiar, que roza sensaciones como queriendo para llegar a lo más hondo de tu armario hecho de pegatinas y abrigos viejos. Polvo y polillas y unas cuantas arañas que te recuerdan porque sí, a esa escalera sin pasamanos que subimos juntos sin soporte claro, intentando que nadie se caiga pero como somos familia qué más da, si se cae alguien y se parte las cervicales y yo no puedo escribir, y se parte las cervicales y yo no puedo escribir más allá, y se parte las cervicales y qué más da porque es familia y se ha caído por nuestra culpa, que se joda y reflexione no?, porque eso es lo que le ha tocado vivir y tú, desde luego tú no tienes nada que ver en toda esta parafernalia del poder, el porque-si, el paratexto y la reflexión familiar caduca. Déjalo como está y déjanos a nosotros que nosotros sabemos lo que nos hacemos, en serio, déjanos a nosotros y mientras tanto tú entreténte, entreténte no he visto palabra más bonita entreténte en calzoncillos cometiendo faltas de ortografía sin parar entreténte, y saca de los bolsillos una barra de pan que logre alimentar el hambre que es muy poca como un dado que se juega un mafioso de Cambridge. Uno de esos dados que tú nunca apostarías pero yo apostaría porque-sí, porque mi raza me lo permite, porque no solo es que me lo permita, sino que yo no necesito preguntar a mi señora, o a mi señor,: oiga, ¿usted me lo permite? porque el igual es igual que el menos y es igual que el mas, y la pasta de dientes primero y tu prima me gusta para follar y nada más, y hasta luego buenas noches nos damos un beso sin querer y casi sin poder articular palabra balbuceo un buenas noches sin querer y te doy un beso en la mejilla buenas noches a acostarse toca acostarse por favor y me pica la ceja derecha y me rasco mientras te doy las buenas noches sin querer buenas noches se acabó.

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