5 jul. 2014

Sandra

I
Especias en las tuberías de tu cuarto de baño
un tubo que gotea en el parqué del salón
cintas hechas con plástico verde
y celo.
Enebros, arañas y bichos de salón
humedad en el techo
tiempo para digerir todos los ingredientes
para transformarlos
en muebles de salón.

II
Marcas de roces de maletas
en tu cuarto
místico y sano
tercer piso
tanto que no soy capaz de verte
ni a través de la ventana
guardas:
un paquete de cien cajetillas de Malboro
en la balda de un cuartucho.

III
Cuando te quitas la ropa me doy la vuelta
y no sé si quieres dormir
o dormitar.

IV
Cuentas las gotas que hay en ti, Sandra
te obligas a escuchar mis canciones
mientras acaricias el humo que nace de tu cuerpo, Sandra.
No hay lugar para ti aquí ahora
pero te obligas a quedarte
y me obligas a repetir las mismas palabras.

Con tu silencio escribes una historia.
Me obligas a escuchar, Sandra, mientras trasnochas,
porque tú no duermes.
Solo esperas y te obligas a quedarte sin motivo.
Me obligas a escuchar
me enciendes y me apagas
nunca simple, nunca
me repites nunca
me castigas en verano
parados los dos solos
uno está tranquilo
estás tranquila.
Estás tranquila
en tu forcejeo
me repites,
me estancas cuando quieres conmigo
acariciar el goteo que nace de ti,
de tu pecho
de tu tripa o más abajo cuando te excitas
cuando me quitas el oscuro
tiempo, Sandra,
dame tiempo para escuchar
no, no quiero que me entiendas
no me quiero explicar
pero fuerzas la mañana para que dure todo un día
o todo un mes.
Dispones de mi tiempo como la araña que da vueltas.

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