15 dic. 2013

Pez Oriental XXII

Unas oficinas bastante cutres, pero parecía divertido. Entré. Ni me había maquillado ni peinado ni nada, no suelo hacer ese tipo de cosas, de todas formas pronto me di cuenta de que eso poco importaba cuando vi las mujeres que se reunían allí, que sí, estaban maquilladas y peinadas, pero a qué precio. Cada una tenía un toque especial, su toque de la casa que la hacía destacar, con lo que mi desaliño pasaba bastante inadvertido. Una demasiado mayor, otra medio desquiciada, seguro que la había dejado el novio hace poco, tenía ojeras, o no tenía novio y se había quedado sin trabajo. Se nota cuando ves a una persona que no sabe llevar las desgracias, se lo toman todo a la tremenda, son como niñitos que patalean solo que ésta en vez de llorar se había echado demasiado maquillaje. Era ridículo. Las demás: había una china jovencita y tímida que poco tenía que hacer, una treintañera que miraba el móvil constantemente, lacerada por los wasaps, ésta se retiraría pronto porque seguro que tendría algo que hacer cuando llegara la hora del ensayo. No creo que su horario fuera compatible con ninguna actividad extra. Se comía las uñas, signo decisivo. También había una señora afable y gordita, que sólo necesitaba un gorro blanco y un bol con masa  de harina para ponerse a cocinar pasteles para todos. En fin, no me apetecía esperar ahí, me quedé un minuto observando la escena y comprendí que como el turno probablemente era el de llegada, me tocaba esperar cinco largos ratazos en compañía de esa amalgama de mujeres con demasiado tiempo libre (o demasiado poco), así que me di la vuelta pensando en un zumito en la cafetería de la esquina, el camarero parecía amable, de los que sueltan un par de lindezas antes de servirte, le soltaría yo las mías por curiosidad. Se abrió la puerta y gritaron mi pseudónimo. Creo que puse Linda Hutcheon, seguro que el jefe se echó unas risas cuando lo oyó.
-Pase, señorita.
-¡Hola!
-¿Ha interpretado antes?
-No, señor.
-¿Entonces, quiere convertirse en actriz de la noche a la mañana?
-Claro, ¿por qué no?
-Bueno, haremos un par de pruebas, a ver, siéntese ahí y recite el abecedario como si se lo estuviera enseñando a un niño de tres años.
-Vale.- Me senté con cuidado y mientras recitaba no paré de hacer gestos con las manos- A, ¿me has entendido? primero la A, luego B, a ver A... B...
-Basta, basta, bien, ahora la prueba de fuego, tienes que enfadarte con este señor.
Y me presentó a un tipo seco, sin gracia, sin un gesto de seriedad ni de acritud, sólo una estúpida sonrisilla que me estaba empezando a poner histérica... así que dejé que la rabia aflorara, era mi trabajo, se convertiría en mi trabajo, lo sé, ya estaba hecho. Esa sonrisilla tiene los días contados míster, vas a ver. Le solté tal lista de improperios que el tío casi se echa a llorar.
-Bien, bien, muy bien, es suficiente. Parece que eres de las que vive las cosas, además no has hecho muchas preguntas. ¿No quieres saber qué es lo que vamos a hacer? Mejor, mejor. No queremos que nuestros actores sepan nada de lo que van a interpretar, es nuestra forma de hacer las cosas, ¿de acuerdo? Nosotros creemos en la improvisación, no queremos autómatas recitando textos de memoria y recordando la muerte de su gatito cuando tienen que llorar. Si queremos transmitir confusión, misterio, emoción... la creamos primero en nuestros actores y el público ya lo captará, eso es lo de menos, hasta ahora no hemos tenido que preocuparnos mucho por ello. Bien. ¿Te creías que esto era un anuncio de jamones? jaja, no, no. Te vas a llevar una buena sorpresa, vas a ver. ¿Quieres participar entonces?
-Claro, ¿por qué no? Aunque como esto sea una de esas redes que raptan gente para hacer cosas raras os vais a enterar, ¿eh?
-No, no, niñita, esto lo hacemos para divertirnos, seguro que te diviertes, veo que eres expontánea, no te preocupes, no correrás peligro.
-¿Y cuanto se cobra por tanto misterio?
-Diez la hora, ¿es un buen trato, no?
-¿Y me podrían dar un adelanto? Ando un poco mal de dinero...
-Claro, aquí tienes- Me desliza un billete de veinte- Pero esta noche empiezas, verás, lo montamos todo en una nave que hay a las afueras, necesitamos espacio, ¿sabes? Aquí tienes la dirección, estáte a las nueve allí que es cuando empieza el espectáculo, no necesitamos preparativos, ¿fácil, no? No te preocupes que lo encontrarás, verás gente a la puerta, puedes guiarte por el ruido, por las voces, sí, haz eso. Nos vemos esta noche.
-Venga, hasta luego.- Gilipollas, no pienso ir, para qué si ya tengo pasta para ir tirando. 

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