27 ene. 2014

Pez Oriental XXVI

Al verlos discutiendo con esa seguridad de erudito empecé a sentir una niebla que los rodeaba y los vi inmersos en ella, mezclando el calimocho que bebían en un cuenco con forma de calavera, agitándolo con palos de madera mientras sostenían unas máscaras blancas alargadas y llenas de agujeros con la otra mano.  La idea era que al beberse aquel brebaje directamente del hueco formado por el cráneo, se impregnarían del espíritu intelectual de aquel ser de plástico, el calimocho transformado en algo muy diferente.
-Hola
-¿Si?
-Hola.
-¿Quien es?
-Yo.
-No lo conozco.
-Venga no os pongais metafísicos conmigo, que os traigo bebercio.
-¡Ah! Me encantan los regalos que a veces te hace algún desconocido, descorchemos entonces.
-Bueno, viene en tetrabrick, pero para el caso...
-Sí, muy oportuno, se nos estaba acabando.

(...)

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