14 ene. 2014

Pez Oriental XXV


Mi cartera de cuero, de cuero de verdad, de ese que huele a culo de vaca encima de su mesa, y el filtro algodonoso en mi boca. Es mi forma de marcar el territorio, nos hemos refinado, en vez de pis el olor del culo de una vaca bien domada y domesticada a golpes, su piel curtida a golpes, doblada finamente y cosida por manos gruesas y callosas, todo con el único objetivo de que ese pedazo de cuero estilizado repose en su mesa y sirva de marca de varón. Esta mesa, esta casa está marcada por el cuero que escupe y recibe billetes de un pobre enfermo lisiado. No, ni estoy enfermo ni lisiado, solo que mi imaginación a veces se escapa un poco, pero te diré que no se escapa, siento ser pesado pero mi cartera no se escapa de su rincón, junto al cenicero, completando el bodegón moderno. Nada de frutas ni mariconadas, piel curtida a golpes, ahí tirada como si cualquier cosa, aunque sepa que es el único clavo que me sostiene a la sociedad. Esa tira de cuero es resistente, no necesito más, pero como se rompa caigo al abismo, y cuando digo abismo digo el castigo, la cárcel o lo que sea, porque tengo pinta de inmigrante, eso se nota a la lengua, y sin mis documentos me devolverían a sabe dios qué país del que creen que provengo. Supongo que finalmente me dejarían donde estoy.

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