16 sept. 2013


En medio de una muchedumbre, cuando pensar es casi un acto terrorista, el escritor urde en su telar interno una historia. Sin que la señora gorda se dé cuenta él ya planea cómo describir el sonido que ella hace con la boca cuando mastica bocanadas de aire por pura inercia de comer, o la repugnancia de su sonrisa, que daña a la vista, pero que entre su familia se entiende como una señal de cariño hacia su nieta que corretea ya con la misma mirada perdida y el sachichón en la mano dispuesto a ser mascado. Tampoco se da cuenta la pareja de ancianos que pasea por allí, el hombre señorial con su bastón, símbolo de jerarquía, él es quien decide cuando cambiar de canal, y si la telenovela merece la pena o no; si ella quiere verla tendrá que servirle un coñac y esperar a que el calor del sofá haga el resto. Otra pareja pasa y propone el contraste tan esperado en toda buena historia, la mujer con bastón y el hombre encorvado. En su casa seguro que se oyen a todo volumen los programas de corazón de la uno antes del telediario de la tarde, mientras ella cocina y él lee el periódico muy calladito en el salón, esperando la llamada “¡a comer!” para dejar rápidamente su lectura y sentarse a la mesa. 
Que nadie despiste al escritor, no le hablen.
MEN WORKING

1 comentario:

josé dijo...

un texto apropiado para quienes tenemos un infierno en la cabeza y lo queremos plasmar de alguna forma. Adhiero a tu pensamiento, abrazo