Uno no es artista de casualidad. No puedes dar un golpe de pintura a una pared y esperar que te alaben por ello, a no ser que hayas esculpido en ti al artista-pintor. Se esculpe a base de derrotas y fe en uno mismo, con constancia y esperanza, con locura y desarraigo de la realidad, triste. Así pues aquél fracasado que con un sentimiento dulce y desesperado escoge el color de su rabia y arremete contra un muro gris descargando todo su ser e impregnándolo todo de energía creadora en un acto poético, aquél es un artista; y esa mancha informe que parece bella por puro azar será parte de su obra.
27 sept 2010
11 sept 2010
En una vida sin temores no me gustaría esperar la muerte. Sin el dulce, dulce sabor de la incertidumbre y el desarraigo. Estoy enfermo, pero no más que mis congéneres, esos que no saben aprovechar cada minúsculo pedazo de tiempo que les regala mamá naturaleza. Es por eso que yo oigo una monja aullando de rabia y desesperación en el ulular del viento. Un grito no dirigido a los hombres, sino al dios que nunca existió; ese que pintan en lienzos y representan en estandartes. Oremos por aquellos rezos inútiles y aquella castidad de manicomio. Aquél sentimiento de culpa heredada. Aquella represión que desencadena violencia y lujuria, los atributos más pobres del género humano. El control del falo sobre la mente.
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