Simone Weil
22 abr 2009
"Solo la necesidad ciega puede arrojar a los hombres hasta esa distancia extrema, justo al lado de la cruz. Los crímenes humanos que son causa de la mayor parte de las desdichas forman parte de la necesidad ciega, pues los criminales no saben lo que hacen."
Simone Weil
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14 abr 2009
Desnudez
Y qué hacer cuando no se sabe si enloquecer, si en unos instantes despertar, con la almohada que empapada en angustia retuerce la sombra de un rincón oscurecido por la madrugada o aceptar la vida sin remedio... Me explico. La jornada en ocasiones me depara magia del azar, ciertas casualidades que los sentidos saben analizar y escoger de modo que mi conciencia vuela sobre un mar de calma. Pero hay momentos en que las casualidades se conectan entre sí (contranatura), hasta el punto en que parecen urdidas por un maléfico demiurgo. El mar tranquilo se vuelve tormenta. Al tiempo, se deshilacha el telar de la realidad, cuando el azar pierde su sentido, quedando al descubierto lo absurdo de la vida. La vida de uno mismo. Solo vida, sin circunstancias.
Solo este atolondrado creador, yo, escribiendo una obra de teatro para cada estado de ánimo.
Solo este atolondrado creador, yo, escribiendo una obra de teatro para cada estado de ánimo.
3 abr 2009
Portada de un libro de Beckett
Sabes lo que te espera al final del camino? un muro de piedra. Un muro de piedra desnudo, frio. Piedra húmeda, gris, mojada, encharcada por el paso del tiempo. Viento gris que agita la hierba alta, que ha crecido más de la cuenta, cerca del muro. La piedra le alimenta, por eso es tan alta. Tan alta que parece que un día llegará a sobrepasar el muro y podrá ver lo que se esconde tras él. Pero la vista no deja opción. No hay ojo que pueda llegar a ver el final, solo el inmediato guijarro que se funde con cemento. Guijarro gris y curvado, redondeado por cada obstáculo que encontró a su paso por el río. Obstáculos imperfectos que dieron lugar a una perfecta curva, suave y alisada. Guijarro gris rodeado de cemento, también gris. Un ejercicio de conciencia, tan solo para comprobar que se asimila un conocimiento, para poder fijarlo con palabras. Poder fijar su reflejo, porque en él nunca aparecen las palabras, porque nunca se deja ver, permanece tras la cortina de sombra que son los sentidos, ajenos a todo juicio imparcial. No hacen más que intuirlo, (instinto de supervivencia) tan solo el sentimiento de que existe para poder mejorar con el tiempo, pero el tiempo es más largo que su corta vida, y el tiempo siempre deja un horizonte tras de sí, y tampoco deja ver un final; así pues estamos en el medio de nada, intentando superarnos, intentando ver más allá. Como la tortuga que busca un punto de apoyo para poder darse la vuelta, pero no sabe que tras posar las patas en el suelo, seguirá sometida a la ley de gravedad, que no la dejará escapar con el viento, solo cambiar.
Y mientras él pensaba en el mejor método para poder chupar las dieciseis piedras en cada ciclo...
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