31 mar 2009

Viento:

Desata mis sentidos, sublimiza mi figura.
Tu que me arrastras a lo desconocido, que desnudas montañas, zarandeándolas hasta el éxtasis, dejándonos admirar su tierra exenta de vegetación; naturaleza, ese cruel vestigio de vida.
Desnuda mi cuerpo entero, desátalo de mentiras, desenfunda mis pies, apártalos de tanta tela absurda para que pueda contemplar su perfecctión, la belleza intrínseca que los azota de dentro. No te apiades, quiero sufrir contigo, no te quiero, felicidad, no quiero que me ahogues de placer. Tan solo acariciarlo por momentos, sin dejar que se tambalee, como hace el viento con las hojas de los árboles recios.
Desnuda entero mi cuerpo, que me deja en tierra sin más deseo que adorarlo, que rodearlo de vida, ahogarlo en vida, hacer de cada movimiento una delicada oda a la figura que pocos ven; porque la intuición es para fuertes, y el cansancio no me agota, porque si quisiera solo contemplar, me hundiria en lejanía, me dejaría llevar por tu soplo, felicidad, hasta que ya no me queden más nubes que admirar, más lejos del Sol, allí donde las escaleras no sirven de nada.


23 mar 2009

Cartas

Cada semana abro el buzón expectante de cartas deliciosamente frescas, escritas por incontables personas que se acordaron de mí; que con trato cercano y cordial, llaman a la puerta de mi humilde morada. Desde los pequeños establecimientos de barrio hasta las grandes superficies, todos notificando que debemos comprar, que todavía contamos como individuos en esta sociedad, que tenemos algo que aportar, y eso me llena de felicidad. Dos panfletos sobre electrónica, tres o cuatro folletos con las mejores ofertas del momento y mis amigos del chino que esta vez se retrasan, el chico que tenían contratado debe haber caído enfermo; de otra manera no logro explicar su inexcusable retraso.
Esperan impacientes guardados en el cubículo a que la luz del Sol despierte sus llamativos colores, perfectamente plastificados y combinados, para que el atractivo sea máximo. Miles de personas diseñando impresos que todos los lunes llegan a mí, juez y jurado del concurso, para que pueda elegir el más vistoso y así premiarle con una ojeada.
Algún día les contestaré, que hoy tengo demasiado que comprar.

15 mar 2009

Cafeína




Esa mañana comprendí, mientras desayunaba un delicioso café, que la vida es lo que uno quiera hacer de ella.
Puedes quedarte con lo que te contenta, exento de enfermedades, una existencia insulsa y aburrida. Yo prefiero el riesgo. Tentar a la suerte y saber capearla en el último momento, sortear el mal de ojo mediante una sucesión de rápidas fintas, mientras camino jadeante entre la multitud que me abre paso en la calle, que es como un río caudaloso en curso alto, entre piedras afiladas y oficinas plagadas de nicotina y dedos temblorosos, acostumbrados al fuego y la ceniza que dejan a su paso. Suciedad por puro placer, por darle un gusto a la maldad; porque sin estos alicientes casi prefiero la monótona comodidad del ataúd, bien calentito. Caliente como el café que saboreo gustoso, dando pequeños tragos, disfrutando tanto o más que esos que pagan un dineral por cada copa de vino.
Pues bien, cada uno se amolda a lo que tiene lo mejor que puede. Yo prefiero amoldar mi rutina, amasarla bien, darle unos golpecitos para reblandecerla y poder hacer una escultura con ella, una Venus de Milo con cada día que se queda atrás. Voy colocándolos cuidadosamente uno encima de otro hasta tener la forma perfecta, sin que nadie se dé cuenta. La contemplo unos instantes. Suficiente. Ahora toca arrugarla hasta hacerla desaparecer, como una bola de papel que se hace cada vez más pequeña entre mis furiosas manos, hasta que ya solo quede un chispazo de vida que se esfuma.
Míralos bien, sentados en cómodos sillones, mientras les cuentan que un niño ha desaparecido. Muy en el fondo se sienten un poco mejor, ya no importa llegar a fin de mes, porque la vida es corta y ese no la pudo aprovechar, y aunque ellos no lo hayan hecho lo mejor que pudieron, son humanos, no son perfectos, y hay que disfrutar, vivir el día a día, y no supone nada para la familia comprar esa fantástica televisión de plasma, un recipiente más sofisticado donde esconder todos los buenos propósitos de año nuevo y dejarlos a buen recaudo hasta las navidades siguientes, todas las intenciones se verán mejor tras esa elegante máscara, en doce cómodos plazos, y, por qué no, esta noche la familia sale a cenar, porque nos lo podemos permitir, no como aquel niño de las noticias.

13 mar 2009

Interrail (escritos movidos por el traqueteo de las vías del tren)

III

No te destapes, Bagdad mía, no muestres aún tus encantos. Déjame con la deliciosa duda, el misterio de tus ojos, por los cuales muero sin saberlo.
No me mires, mejor, nunca sabrás quien soy, nunca sabrás quién es el que se arrastra acechante hacia tu silueta confusa, la nube que difumina tu cuerpo, que todavía no me atrevo a pintar por miedo a cometer sacrilegio. No destapes tus bellezas, tan sutiles, dogmas de un serrallo angelical.
No te atrevas a tocar, pureza mía, las pasiones de este mundo, pues no te corresponden.
Te perdonaré por tu eterna ausencia.
Me dejaré consumir por tí, tu recuerdo, hasta que ya no me quede sangre en el cuerpo.
Te la doy toda, pues tan solo sigue tu canto de sirena, una voz tan melodiosa que el oído no puede si quiera rozar, se dispersa antes de tocarlo, fundiéndose con el romper de las olas.

Tú eres yo cuando callo, cuando no quepo en mí y reboso sin quererlo de este cuerpo mío, esta cadena de luz y de sombra. Por favor, no te apiades, no bajes a salvarme, nada me haría más daño que verte conmigo, compartiendo esta soga al cuello que poco a poco nos mata.

10 mar 2009

No los oyes? Traen rencor, odio y desesperación, una noche escarpada, esculpida por los vientos de la luna, rojiza, llena de ira, necesita arrasar con todo, subirse a la montaña más alta para dejarse caer, porque no podemos vivir en paz, porque ser no implica paz sino desesperación, la verdadera teórica de la esperanza, la sospecha de luz, incertidumbre, no saber si más allá llega amanecer o noche, canto, llanto de estrellas o reflejo de luz, un suspiro de bombilla que se funde, un último relámpago que rompe con la fría calma de la noche oscura, oscuridad, ausencia de luz, corriente de conciencia, un texto repleto de comas sin sentido. El único que da sentido a la tarde azul.

8 mar 2009

Vivo en el bajo de un edificio blanco, inmaculado, que se yergue a las afueras de un pueblo cuyos únicos visitantes son los familiares que asisten al entierro de algún pariente olvidado. Vienen fastuosamente tristes, sorprendentes a cada gesto, pero la gente del pueblo no suele mezclarse con ellos. Un sentido pésame es la mejor barrera ante tanta novedad.
Como si fuera un rey erguido en su trono, desde mi ventana contemplo al mundo. Mis congéneres siempre bromean cuando digo esto, pero yo hablo completamente en serio. Noto como el mundo se me ofrece cuando la brisa mece al trigo verde, cuando una nube confusa abraza al horizonte o cuando Juanito vuelve como cada tarde por el camino de los pastos, con un par de docenas de ovejas que le siguen con cabeza gacha.
-¿Qué tal, Juanito?
-Como siempre, ¿logró escribir algo?
-Lo de siempre.
Nada nuevo. Solo las mismas páginas en blanco que me hacen sentir culpable desde el escritorio

5 mar 2009

Una figura de sombra se yergue en el horizonte hacia la cabellera despeinada. Todo es sombra en él y al fondo solo queda cielo y espacio incierto, mucho espacio, tanto que puede llegar a crear el vacío en la caja torácica de aquel que se atreva a mirar, una sensación que ya nunca se borrará del cuerpo, aunque quede atenuada tras un momento de distracción.
Distracción, llévame lejos, que ya no puedo soportar más el sonido que produce la escucha de la muerte acechante, la desaparición, la no existencia. Algo que muy pocos pueden sacar a flote de las mentes, asfixiadas por mantas, años de vida colmada de hechos, ninguno útil. Aquellos afortunados que sepan retenerlo, consérvenlo hasta el éxtasis. Los restantes, aferrémonos a la palabra, ahogándola hasta dejarla extasiada, para poder seguir soportando el peso de nuestras cabezas sobre los hombros. He dicho.